"Y
he aquí algo raro, pero es verdad: en las trincheras del día a día
de la vida de un adulto, no existe el ateísmo. No hay tal cosa como
la «no-veneración». Todo el mundo es creyente. Y quizá la única
razón por la que debamos cuidarnos al elegir qué venerar, es que
cualquier camino espiritual –llámese Cristo, Alá, Yaveh, la
Pachamama, las Cuatro Nobles Verdades o cualquier set de principios
éticos– sea lo que sea que elijan, les devorará en vida. Si
eligen adorar el dinero y los bienes materiales, nunca tendrán
suficiente. Si eligen su cuerpo, la belleza y ser atractivos, siempre
se van a ver feos y cuando el tiempo y la edad se manifiesten,
padecerán un millón de muertes antes de que al fin les entierren.
En cierto modo, todos lo sabemos. Esto fue codificado en mitos,
leyendas, cuentos, proverbios, epigramas, parábolas, en el esqueleto
de toda gran historia. El verdadero logro es mantener esta verdad
consciente en el día a día. Si eligen venerar el poder, terminarán
volviéndose débiles y necesitarán cada día más poder para no
creerse amenazados por los demás. Si eligen adorar su intelecto, ser
reconocidos como inteligentes, terminarán sintiéndose estúpidos,
un chasco, siempre al borde de ser descubiertos. Pero lo más
terrible de estas formas de adoración no es que sean malas o
pecaminosas, es que son inconscientes. Son el funcionamiento por
defecto." David Foster Wallace
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